martes, 15 de febrero de 2011

"POBRES TOROS, POBRES GALLOS"



María de Lourdes Zaldumbide
analisis@hoy.com.ec

En Ecuador, desde el poder Ejecutivo, se pretende lograr que el país vote por el "sí" en una consulta popular y un referéndum en los que se preguntan varios temas, todos planteados de manera tendenciosa y manipuladora. Algunos son de vital importancia para la vigencia de la democracia en el Ecuador, desgraciadamente, hábilmente solapados tras cortinas de humo; entiéndase: las corridas de toros, las peleas de gallos, los juegos de azar.

Y están también los "diablumas". Los "diablumas" son personajes ancestrales en las fiestas populares de la Sierra Norte del Ecuador y tenían la labor de ahuyentar los malos espíritus de las fiestas.

Pero los modernos "diablumas" hacen todo lo contrario. Se vuelven demonios que promueven el aborto y aunque, por algún tiempo aseguraron salvaguardar la vida de los toros de lidia, ahora han salido a la palestra a decir que "no les importan los toros, si no que los "pelucones" no se diviertan".

Para el presidente de la República, los toros son la perfecta cortina de humo que lleva a la gente a la polémica sobre su subsistencia o no, mientras que, las preguntas que ponen en grave riesgo la democracia en el país no se debaten. Los supuestos ecologistas y perfectos abortistas pretendieron utilizarlos en contra de la clase alta del país, pero se olvidaron que la fiesta brava es básica en todo festejo popular, parte de toda celebración del más humilde de los pueblos.

El líder de los "diablumas" utilizó al toro para llegar hasta el presidente de que, en ese preciso instante, necesitaba un tema polémico que confundiera al pueblo alejándolo de la discusión vital; el primero lo usó para disimular el odio que lo llena; el segundo, para llegar a dictador con el voto nacional. ¡Pobres toros... pobrecillos, tan manipulados, vilipendiados y utilizados!.

No es un secreto que, en Ecuador, la mayor parte de los poderes están dirigidos desde el poder Ejecutivo al que solo le falta por acaparar el poder Judicial. Y aquello es algo que se lograría por medio de la consulta popular. Lo triste aquí es que mientras el pueblo debate sobre las corridas de toros, las preguntas claves para la subsistencia de la democracia simplemente no se debaten.

La Corte Constitucional tiene sobre sus hombros un peso enorme, que va mucho más allá de la prohibición o no de las peleas de gallos, la fiesta brava o los juegos de azar. Es de esperar que se desechen todas las preguntas, unas por atentar contra la democracia, otras por atentar contra la libertad de expresión en lo que a regular la prensa libre se refiere y otras, porque atentan contra la libertad de elección y el derecho al trabajo de miles de ecuatorianos.

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